OLEO S/LIENZO PAISAJE XALAPA S. XIX

Antigüedades - Pintura
Referencia: Z6227

Escuela española, hacia 1840.
“Paisajes”.
Pareja de óleos sobre lienzo. (Junto con ref. Z6227A)
Procedencia: colección Conde de la Cortina, Jalapa, México.

Pareja de paisajes enmarcados dentro de la escuela española de la primera mitad del siglo XIX, de clara filiación romántica. Ambos evidencian el conocimiento del paisaje clasicista holandés, una de las principales influencias en el paisaje romántico español. Así, vemos composiciones en “V”, cerradas por los lados y abiertas en el centro, horizontes muy bajos que permiten un amplio desarrollo del cielo, espacios construidos en profundidad a base de planos sucesivos sutilmente diferenciados por la luz y el color, y pequeñas figuras perfectamente integradas en el escenario natural. Además, los cielos son escenográficos y efectistas, con nubes bajas tras las cuales se filtra la luz dorada característica del paisaje clasicista.
Uno de los aspectos más radicales de la pintura romántica fue el intento de sustituir los grandes lienzos de tema histórico o religioso por el paisaje. Pretendían que el paisaje puro, casi sin figuras o totalmente carente de ellas, alcanzara la significación heroica de la pintura de historia. Se basaban en la idea de que el sentimiento humano y la naturaleza debían ser complementarios, uno reflejado en el otro. Es decir, el paisaje debía despertar emoción y transmitir ideas. Así, paisajistas como el autor de estos lienzos trataron de expresar sus sentimientos a través del paisaje, en vez de imitarlo. El paisaje romántico tuvo dos vertientes principales: la dramática, de vistas turbulentas y fantásticas, y la naturalista, que enfatizaba imágenes de una naturaleza apacible y serena. Esta segunda concepción es la que vemos plasmada en estas obras; el pintor trata de comunicar una reverencia religiosa por el paisaje, la naturaleza en plenitud. De hecho, el propio uso que ha hecho aquí el autor de la luz transmite una atmósfera de neblina, turbia, como de ensueño, que invita al espectador a meditar y a contemplarse a sí mismo en el paisaje. El paisaje romántico está constituido no obstante por manifestaciones de muy diverso tipo y no equiparables entre sí; no afecta por igual a todas las escuelas nacionales, manteniéndose más fiel a la tradición en escuelas como la francesa o la holandesa. Así, en este lienzo no encontramos las grandiosas escenografías de británicos y alemanes, las escarpadas montañas ni las monumentales ruinas góticas. Al contrario, se trata de un paisaje plano, muy horizontal pese a los elementos verticales que cierran los laterales en el primer plano, dotado de un suave dinamismo determinado por las colinas y los movidos celajes. No aparecen los elementos más típicos del paisaje romántico, como el clima hostil o la ruina gótica, aunque sí la neta separación entre los primeros planos y el fondo, que realza el carácter escenográfico derivado de la efectista iluminación. Asimismo, se utiliza la típica perspectiva romántica muy marcada, en abismo, que tiene como complemento una ligera confusión de puntos de vista. Así, las perspectivas ampulosas de la veduta del siglo XVIII son aplicadas aquí a un paisaje sobrio, lo que matiza la construcción escenográfica del paisaje, tan típicamente romántica. Pese a estas diferencias locales, a este romanticismo contenido en la forma, encontramos sin embargo un contenido netamente poético, que va más allá de la simple representación del natural para plasmar la naturaleza como un reflejo del sentimiento del autor, melancólico y oscuro, enormemente solitario.


· Medidas: 66 x 80 cm; 74 x 87,5 cm (marco).

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