OLEO S/COBRE ASCENSION DE LA VIRGEN ENTORNO DE FRANCESCO DA CASTELLO 24X31 cms.

Antigüedades - Pintura
Referencia: Z5099

Círculo de VAN DE KASTEELE, Frans (Bruselas, h. 1541 – Italia, 1621).
“Virgen con ángeles y santos”.
Óleo sobre cobre.
Pintura de carácter devocional, a juzgar por su pequeño formato, su temática y también por el hecho de tratarse de una pintura al óleo sobre cobre. Por ello, seguramente se concibió para un altar o capilla privada. Presenta un gran rompimiento de Gloria central, delimitado por cúmulos de nubes entre los que asoman cabezas de querubines, con la figura de la Virgen María en el centro, llevada por ángeles niños. Viste túnica de tono rosa intenso, con sayo violeta debajo, del que sólo vemos las mangas, manto azul (símbolo de verdad y eternidad) y velo blanco sobre la cabeza, alusivo al concepto de pureza. María aparece en una posición rotatoria, dinámica y típicamente barroca, y muestra una mano tendida hacia el plano de tierra, otra sobre el pecho y la cabeza levemente girada, con los ojos dirigidos al cielo. A sus pies, cuatro figuras en un entorno de paisaje cerrado por ambos lados y abierto en el centro en profundidad (a lo lejos vemos una ciudad, envuelta en bruma y azulada por la distancia), una composición equilibrada, simétrica y ordenada típica del barroco clasicista. Se trata de la representación de Santiago el Mayor, san Juan, san Francisco y san Mauricio, de izquierda a derecha. Todos ellos aparecen representados a gran tamaño, con una especial atención a sus anatomías y ropajes, trabajados en plegados claroscuristas típicamente barrocos. Santiago luce un manto adornado con una venera en el hombro, y porta el cayado y el sombrero de peregrino. San Juan viste la piel de oveja propia de su iconografía, manto rojo alusivo a su pasión, y porta el lábaro crucífero y su Evangelio en la mano. A sus pies, el cordero que suele acompañarlo en las representaciones plásticas, símbolo de Cristo y de su sacrificio. En el lado derecho vemos a san Francisco con hábito marrón, anudado con la cuerda propia de los franciscanos, alzando su mirada hacia María y cruzando las manos sobre el pecho, mostrando sus estigmas y portando un crucifijo de madera. Finalmente a su lado vemos a san Mauricio, con coraza y manto, portando la palma del martirio. Los tonos azules y rosas de su atuendo están en consonancia con los colores de las ropas de la Virgen, al igual que el manto violeta de Santiago, un recurso mediante el cual el pintor equilibra la composición, unificando ambos planos, y establece una estructura piramidal típicamente clásica, equilibrada y simétrica.
Por sus características formales podemos relacionar esta obra con la influencia de Frans Van de Kasteele, llamado Francesco da Castello, pintor flamenco instalado en Roma durante el pontificado de Gregorio XIII (1572-85). Ya en 1577 está documentado como miembro de la Academia de San Lucas, y en 1588 fue nombrado cónsul. A día de hoy no sabemos nada de su formación en los Países Bajos ni de sus primeras obras. Existe en una colección particular vienesa una miniatura sobre pergamino firmada por el artista y fechada en 1584, una adoración de los magos. Asimismo, se conoce un contrato de 1588 en el que se le encargan seis pinturas sobre lienzo y cinco miniaturas sobre cobre de tema religioso. Aunque instalado en Roma, Kasteele mantuvo siempre relaciones con los Países Bajos, especialmente con los humanistas Philips van Winghe, Abraham Ortelius y Henricus Corvinus. En Roma fue respetado y reconocido, miembro del Panteón de la Academia de los Virtuosos además de la de San Lucas. Aunque también trabajó la pintura de caballete, fue principalmente autor de obras de pequeño formato, iluminaciones y miniaturas. Muchas de sus obras fueron enviadas a España, por lo que contó con numerosos seguidores en nuestro país

· Medidas: 24x31 cms.

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